miércoles, mayo 06, 2009

Muriendo de Risa !!!

Jimy (Cucharita) y Fabio(Cascarita) están sin sus trajes de colores y sin maquillaje, pero tienen la misma sonrisa de siempre. Son payasos callejeros, de los que suben de bus en bus, bromeando a los pasajeros, contando los mismos chistes. Debe ser un trabajo duro: hacer reír a esta ciudad. ¿Lima no sabe reír o cada vez se ríen menos?

- Pensamos que ya no venias, ¿de verdad también quieres salir con nosotros… ser payaso?
- Claroooooo, les digo con voz engolada, con el tonito de voz que he practicado varias veces frente al espejo.

Caminamos unas cuadras hasta llegar a la plaza Dos de Mayo. En una esquina sacan los trajes. El mío es de color verde y naranja. Me lo mandaron a hacer hace una semana, mientras me aprendía lo que tenía que decir en los buses. Me pongo el chaleco que termina en dos puntas y el pantalón ancho con tirantes. La gente pasa y se ríe. Me pasan un espejo de bolsillo y esa pintura blanca que se untan en la cara. Me la esparzo, poco a poco, con el dedo. Después, me ponen un poco de rubor y me dibujan con un lápiz delineador una boca de payaso. Me miro al espejo y sonrío. En qué cosas me he metido, pienso.

- Ya casi eres un payaso
- ¿Qué me falta?
- Subir a un carro…

Estamos los tres en el paradero esperando un bus “bueno”: sin pasajeros parados. Algunos niños pasan y nos saludan. Uno viene y se prende de mi pierna gritando: “!Payaso, payaso!”. Luz verde del semáforo. Cucharita y Cascarita suben a un bus. ¡Niño salte!, le grito. “!Payaso!”, chilla el mocoso. El bus arranca. Cucharita, desde la puerta trasera, grita: “Señora, coja a su mascota”. La madre del niño viene y lo jala. Corro al bus. Este empieza a acelerar cada vez más. El disfraz vuela con el viento. Las personas del paradero se ríen de mi payasada que no fue de broma. Logro subir. Chibolo maldito, pienso. Cucharita y Cascarita se ríen. ”Vamos, comienza. A ver si sirves para ser payaso. Es tu debut”. Me palmotea la espalda. Con una frenada me voy hacia delante. Miro a los pasajeros. Ellos me miran. Respiro hondo y paso saliva. Llegó la hora de ser payaso.

SEGUNDA PARTE

Buenooooo, hemos regresado por tanta llamada telefónica. Antes usted tenía que ir al circo a ver a los payasos, ahora los payasos vienen a ti. Acá, la señora oculta la cartera, piensa que le voy a robar. No se preocupe, seño, yo antes era ratero. Ahora ya no, me he retirado: es que hay mucha competencia.

Seis soles y un chocolate. Eso nos han dado por mi debut. Dicen que lo hice bien, pero tengo que poner voz de payaso. Ahora nos repartimos la paga. Dos soles cada uno y una mordida. Estamos en la avenida Abancay. Han pasado 15 minutos sin que algún bus nos quiera dejar subir. Siempre es así. Hay cobradores que nos botan o chóferes que no bajan el volumen de la música. No respeta el trabajo. De pronto, se escuchan pitos e insultos. Dos policías han atrapado a un ratero. Una señora le da de carterazos y le grita: “¡Ahora pues, róbame! ¡Dime algo pues! ¡Payaso eres!”. Cucharita interviene como si estuviéramos en un show: “No puesss, déjenlo trabajar al hombre. Se gana el pan con el sudor de la frente, no ve cuanto ha corrido, está sudando”. Transeúntes, policías, el ladrón y nosotros nos reímos pero la señora no cambia de cara.

Miren estas chicas hermosas que salen a pasear solas. ¿Señora, su esposo? No se avergüence. Es un ser humano. Acá la señorita ha venido con su mascota. Flaco, te felicito has elegido una chica linda. Has tenido suerte en el amor. Usted señorita, qué se va hacer. Vive su realidad. ¿No pudo haberse conseguido algo mejor?… A ver hermano, siéntate para que dejes ver el show. Siéntate al fondo que yo te voy a pagar el pasaje. No se ría. Es la de verdad. Soy millonario, solo que me disfrazo así para que no me secuestren.

Después de 15 soles y más de seis carros subidos, nos vamos a almorzar a Gamarra. Estamos por la avenida Grau. Vamos a cortar camino, dicen. Un “pirañita” se aparece aspirando terokal, y en su otra mano tiene una bolsa de caramelos. ”Maldito drogadicto, para tu porquería trabajas”, le grita Casacarita. Él se va sonriendo con una mueca torcida, aspirando cada vez más, pensando que fue una broma. Hoy no ha salido el sol y empieza a garuar. Mientras caminamos más, las casas se vuelven más sucias y con pintas en las paredes. Doblamos una esquina. Es una calle larga con la pista rota y están quemando basura. En los dos costados del camino están apilados vendedores de cosas robadas y chucherías. Siento que el agua me borra el maquillaje. Hay personas durmiendo en la calle, tomando o peleando. ¿Dónde estamos?, pregunto. En Tacora, me dicen. Tres hombres están desmantelando un carro. “¡Payasos!, grita un vendedor de fruta por su micrófono que funciona con batería de carro. Nunca he estado en Tacora y si ahora no estaría disfrazado de payaso tal vez me robarían. Seguimos caminando lento. Cascarita y Cucharita adelante, yo atrás hasta que un loco con ropas sucias y pelo largo se para frente a mí y no me deja avanzar. Me mira de arriba abajo. Paso saliva.

TERCERA ENTREGA

- Oiga, joven, ¿No se puede vestir un poco más serio?, me grita con odio
- … soy payaso, señor- le digo disculpándome
- ¡Sí, es un payaso! Aprenda a vestirse- brama levantando las manos. Me da otra mirada de odio y se va.

Reír es parte de la vida. El dicho dice: “Ríe y te encontraras con el mundo, llora y te encontraras solo”. Sal de tu casa ríe. Ve a tu trabajo y ríete. La mujer te saca la vuelta, ríete. Hay jóvenes que se matan porque su enamorada la deja. A ver, señora. ¿Usted se mataría por su esposo? La señora dice no. Claro, si el vecino la está correteando.

Comemos un menú de S/ 3.50. La sopa es agua verde sin sabor y un lomo saltado sin carne. Cucharita cuenta que la primera vez que hizo de payaso fue cuando tenía 24 años, hace cinco años. Había renunciado a su trabajo de cobrador en un micro, porque tenía una relación, de tres años, con una chica del paradero final. Hasta que ella le dijo para hacer que deje a su esposa y sus dos hijos. Sabía que le iba a hacer problema, por eso desapareció. No encontraba trabajo. Pasaban los días hasta que una mañana de julio le dijo se dijo: “Y si me disfrazo de payaso y vendo caramelos”. Fue a comprar tempera blanca para pintarse la cara y con un plumón indeleble se dibujó una sonrisa. Subió a los micros y vendió todas las bolsas, pero cuando llegó a su casa no podía quitarse el maquillaje. A los dos días se fue a Gamarra donde compró tela de varios colores y le pidió a su suegra que es sastre que le haga un disfraz de payaso.

-No llores, señorita
-Cholo, ven para acá. Mira. La señorita está llorando
- ¿Sabes por qué llora? Por que tú le haces recordar a su primer enamorado
- Verdad, cholo
- Oye sí, gracias
- La señorita es simpática, hermosa. Esbelta como los rayos del sol, sus ojos son dos luceros, su boca es un coral, por eso cayó del cielo, linda bella y celestial. La vela por ser vela de derrite de tanto arder, así se derrite los hombres al lado de una bella mujer… ¿le gustó señorita?…sí… yaaa… colabore.

Estamos en una cantina. “Sólo una chelita”, dijo Cucharita entrando. Está triste porque su esposa lo encontró con la vecina en el baño, y lo botó de la casa. Desde la radio suena la canción El payaso de la orquesta Papilón: “No hay licor que me ayude a saciar mi dolor / No hay mujer que me ayude a olvidar este amor / estoy llorando, estoy sufriendo, ella se fueeeee.. / Llevo la vida de un triste payaso que ríe por fuera y llora por dentro… Mis amigos me ven sonreír pero no saben que estoy destrozado de amor”. Cucharita mira el fondo del vaso y no habla. Quiere llorar, pero no puede. No se arrepiente. “Es que mi vecina está buenaza”, dice destapando otra botella. Solo una más, palabra de payaso.

Cucharita aprendió viendo a los payasos viejos. Lo seguía en los micros. Se sentaba en la parte de atrás y los escuchaba. Así fue aprendiendo lo que decían y trataba de mejorar los chistes. A Cascarita le pregunto cómo se inicio. Se queda mirando el suelo y su sonrisa desaparece. Se para de la mesa y se va.

CUARTA ENTREGA

- Lo que pasa es que si habla de esas cosas se va a poner mal
- ¿Por qué?
- Él se inició en un circo. Se enamoró de la contorsionista y ella de él. El dueño del circo, que es el padre de la chica, se enteró y lo botó.

Fabio, Cascarita, tiene 34 años de los cuales diez se los ha pasado haciendo reír, dice. Es chato y gordo. En el año 92 vino a Lima a concursar a un programa de cómicos ambulantes. Pero perdió. De regalo le dieron una camisa John Holden.

Señores buenas tardes. Estamos luchando de esta manera. Haciendo reír sanamente. Somos padres de familia. Voy a pasar por sus asientos. Levántame la moral con una monedita. Lo que salga de tu corazón. No somos ambiciosos. Puede ser cinco, diez soles… Gracias señor que Dios te bendiga. Joven, usted, echa todo… gracias… que Dios te bendiga, maestro ¿nada? …que Dios te recoja… apura pues amiga, que por las puras no te he dedicado el poema. Gracias… Señora usted, gracias ¿ella es su hija? sí, mucho gusto, yo soy su nuero. A ver las hermanas Bernaola: una flaca, la otra gorda, gracias. Flaquito qué pasa, problemas a ver cuéntame. Qué te ha pasado ¡Cómo! ¿Anoche? Dice que anoche lo han violado… ¡gracias!

Hace dos años, caminando por la avenida Abancay, estos payasos se encontraron. Y sentados en una mesa con unas cervezas se enteraron que eran vecinos y paisanos, de Tumbes. Desde ahí salen juntos. Trabajan de once de la mañana hasta las diez de la noche o a veces antes, si llegan a los 50 soles que es su tope.

Cucharita, ayer, subió a un carro y solo sacó un sol con veinte céntimos. En el otro, nada. Eso lo deprimió. Se fue donde las peluqueras del centro Comercial El Hueco a gilearselas. Se distrajo un rato y volvió a subir a un bus. Sacó cinco soles. Así empezó a mejorar el día. “Los pasajeros se dan cuenta si estás triste cansado, cuando no tienes ganas y así no se da risa. A veces es cosa de mentirse a uno mismo”.

En estos tiempos, los contratan para despedidas de solteros o para baby shower. Los niños de ahora ya no se ríen de los payasos. Ahora su público es la gente adulta. Cucharita piensa seguir de payaso cinco años más, después volverá a Tumbes y pondrá un negocio. Cascarita se quiere quedar como payaso. Quiere morir riendo, a pesar que ya no da risa. Ya son las nueve de la noche. Los payasos se despiden. Se van hasta sus casas en Mi Perú, Ventanilla. Yo también me voy. Los pies me duelen y también la garganta de tantos gritar. He subido a más de 20 buses y nos han botado de más de diez. He tenido que cambiar mi carácter introvertido a más suelto, de mi rostro sin gestos a sonrisas exageradas, de mi caminada calmada a casi saltando, de mi voz baja a una fuerte y graciosa. Y me voy con más de 30 soles en el bolsillo en monedas de 10 y 20 céntimos.

Me voy al paradero pero ningún bus me quiere llevar. Corro hacia uno que ha parado a recoger una señora con paquetes. Subo. La gente me queda mirando. El cobrador pide pasajes.
- Cóbrate- le digo dándole un sol
- No, no, cómo te voy a cobrar. Has tu show.
- No, no. El show ya terminó. Aquí murió el payaso- le digo mientras los pasajeros dan la última risa del día.

Los que han colaborado van ha tener la vida eterna. Nunca van a morir. Los que no han colaborado no pasan de esta noche. Si se quiere salvar voy a pasar otra vez. ¡Gracias! ¡Áaaaaaaaaabreme por atrás! ¡La puerta de atrás! ¡Gracias!

 
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